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Naciones Unidas

La inminente reestructuración de la ONU a través de una lente realista histórica

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Por Kung Chan, fundador de ANBOUND, un grupo de expertos independiente con sede en Beijing.

Las naciones occidentales se enfrentan a una creciente marginación dentro de esta organización internacional. A medida que se intensifican las voces disidentes de otras facciones dentro de las Naciones Unidas, los argumentos a favor de la reestructuración se vuelven cada vez más convincentes. El precedente histórico se puede encontrar en la Liga de Naciones.

La Sociedad de Naciones, conocida en francés como Sociedad de las Naciones, se creó el 10 de enero de 1920, al final de la Primera Guerra Mundial, tras la Conferencia de Paz de París. Funcionó como una organización intergubernamental y desempeñó un papel pionero como primer organismo global del mundo dedicado al mantenimiento de la paz, sirviendo como precursor de las Naciones Unidas.

Los objetivos principales de la Liga, descritos en el Pacto de la Sociedad de Naciones, incluían la prevención de la guerra mediante la seguridad colectiva y el control de armamentos, así como la resolución de disputas internacionales mediante negociaciones y arbitraje. Al igual que las Naciones Unidas en la actualidad, la Liga abordó diversas cuestiones globales, como las condiciones laborales, los derechos indígenas, el tráfico de drogas y armas, la salud pública, el tratamiento de los prisioneros de guerra y la protección de los grupos minoritarios en Europa. En su apogeo, del 28 de septiembre de 1934 al 23 de febrero de 1935, la Liga contaba con 58 estados miembros.

La Sociedad de Naciones representó una evolución significativa en las prácticas diplomáticas globales a lo largo de siglos. Sin embargo, una limitación notable fue la falta de una fuerza militar independiente, ya que dependía de las grandes potencias para hacer cumplir sus resoluciones y sanciones económicas o proporcionar asistencia militar cuando fuera necesario. Tal como estaban las cosas, un apoyo que estas potencias no estaban constantemente dispuestas a ofrecer. Además, las sanciones económicas a veces perjudicaron a los propios estados miembros de la Liga, reduciendo su voluntad de cooperar plenamente. En particular, Estados Unidos se abstuvo de unirse debido al rechazo del Senado del Tratado de Versalles.

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Durante la Segunda Guerra Italo-Etíope, la Sociedad de Naciones acusó al ejército italiano de atacar tiendas de campaña médicas del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. El dictador italiano Benito Mussolini respondió con el dicho: “la Liga está muy bien cuando los gorriones gritan, pero nada bien cuando las águilas se caen”.

Desde una perspectiva realista histórica, la clave de las organizaciones internacionales reside en la responsabilidad de las grandes potencias de hacer cumplir las decisiones. Este principio no ha cambiado desde el pasado hasta el presente. Entre la etapa geopolítica y el control efectivo, sigue habiendo una gran brecha.

Las principales potencias mundiales a menudo se sienten marginadas en medio de los ideales progresistas prevalecientes, relegando a la ONU a un foro para la farsa geopolítica en lugar de una acción efectiva. Esta dinámica impone cargas financieras sustanciales a las naciones occidentales, alcanzando niveles que se están volviendo cada vez más insostenibles para estas potencias influyentes. Teniendo todo esto en mente, es inminente que la reestructuración de las Naciones Unidas aborde mejor las realidades globales contemporáneas.

El razonamiento es claro: las naciones occidentales se enfrentan a una creciente marginación dentro de esta organización internacional. A medida que se intensifican las voces disidentes de otras facciones dentro de las Naciones Unidas, los argumentos a favor de la reestructuración se vuelven cada vez más convincentes. El precedente histórico se puede encontrar en la Liga de Naciones. Si Donald Trump volviera a asumir el cargo, una reforma significativa de las Naciones Unidas podría resultar inevitable. Si bien el discurso actual se centra en las políticas de Trump, tal transformación marcaría un cambio político pragmático y crucial.

A medida que las Naciones Unidas se acercan a su 80º aniversario, la perspectiva de su reestructuración más amplia cobra gran importancia, y eso es lo que el mundo debería estar observando.

Kung Chan es fundador de ANBOUND, un grupo de expertos independiente con sede en Beijing, que se especializa en investigación de políticas públicas que cubren geopolítica y relaciones internacionales, desarrollo urbano y social, cuestiones industriales y macroeconomía.

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