Pakistan
Cómo la crisis interna de Pakistán se convirtió en la nueva guerra fronteriza de Europa
Europa se enfrenta hoy a una triple crisis: una crisis migratoria que sobrecarga sus fronteras y sistemas de asilo, una crisis humanitaria derivada de la creciente persecución y violencia en Pakistán, y una crisis criminal alimentada por poderosas redes transnacionales de tráfico de personas. No se trata de fenómenos separados, sino de diferentes caras de una misma realidad: un Pakistán que opera dentro de estructuras opresivas, que evocan las oscuras dinámicas de poder descritas por Tehmina Durrani en Mi señor feudal Un sistema en el que el silencio de los agraviados alimenta la fuerza de los poderosos, y el miedo se impone con mayor eficacia que la propia ley. Detrás de las cifras registradas por Frontex no se encuentran flujos abstractos, sino seres humanos que huyen de una vida cotidiana donde la violencia, la impunidad y el autoritarismo se han convertido en la norma. El aumento de migrantes pakistaníes en las fronteras europeas no es casual; es el resultado inevitable de un sistema que genera desesperación en el país y lucro delictivo en el extranjero. En este contexto, Europa no es un mero espectador, sino el destinatario final de una crisis que comienza en otro lugar y que, en última instancia, desestabiliza el continente., escribe Dimitra Staikou.
Bajo el liderazgo de Trump, el enfoque estadounidense hacia la migración irregular en Europa adquiere un carácter más directo y transaccional, lo que ejerce una presión adicional sobre un sistema europeo ya de por sí tenso. Washington considera la creciente inestabilidad de Europa no como un problema humanitario distante, sino como un riesgo estratégico que inevitablemente afecta los intereses estadounidenses, especialmente en un momento en que la competencia con Rusia y China exige un Occidente unido y resiliente. La administración Trump presenta el aumento de llegadas de pakistaníes como prueba de las fallas de Europa en el control fronterizo e insta públicamente a Bruselas a adoptar políticas de disuasión mucho más severas. Al mismo tiempo, teme que una Europa consumida por tensiones internas —desde el auge de la extrema derecha hasta el colapso de sus sistemas de asilo— no pueda servir como un socio confiable de la OTAN ni un contrapeso efectivo a las potencias revisionistas. Para Trump, la crisis migratoria en el continente no es simplemente una carga para Europa; es un factor que socava la propia arquitectura estratégica occidental, reforzando la creencia estadounidense de que Europa debe "endurecerse o quedarse atrás".
En este contexto geopolítico, los datos que surgen de las agencias fronterizas europeas cobran aún mayor relevancia. Según estimaciones de Frontex, los pakistaníes representan sistemáticamente entre el 5 % y el 6 % de todas las personas que intentan entrar en la UE de forma irregular. Si bien este porcentaje puede parecer pequeño, adquiere una relevancia estratégica al combinarse con las altas tasas de rechazo de visados, la creciente persecución en Pakistán y la actividad sistemática de las redes de tráfico de personas que han convertido a Europa en su punto final más seguro y rentable. Basándose en el total de cruces a lo largo de las principales rutas migratorias, se estima que entre 1,300 y 1,700 pakistaníes llegaron a Europa en septiembre de 2025, entre 1,600 y 2,100 en octubre y entre 900 y 1,300 en noviembre. En total, entre 3,800 y 5,100 pakistaníes entraron en la UE de forma irregular durante los meses de otoño, lo que refuerza la posición de Pakistán como una de las fuentes más persistentes de presión migratoria.
La escala y la estructura de esta presión se hacen más claras al examinar las redes de contrabando que explotan a las poblaciones vulnerables de Pakistán. Investigaciones realizadas por El Telégrafo Las investigaciones sobre dos de los traficantes más notorios de Pakistán —Usman Ali y Master Uzair— revelan el alcance y la impunidad de un sistema criminal que se extiende desde Pakistán hasta el norte de África y Europa. Usman Ali, a pesar de ser buscado internacionalmente, fue encontrado viviendo libremente en Italia, presuntamente dirigiendo negocios y albergando a migrantes. Se le acusa de orquestar el naufragio mortal de enero de 2025 entre Mauritania y España, donde 80 personas fueron torturadas y la mayoría asesinadas para pedir rescate, de las cuales solo 22 sobrevivieron tras 12 días de terror en el mar. El hecho de que un individuo así pueda operar dentro de la UE pone de relieve no solo el poder de estas redes, sino también las graves deficiencias de los mecanismos de control de Europa.
Asimismo, el caso del Maestro Uzair —antaño el hombre más pobre de su aldea— ilustra cómo la legitimidad local puede utilizarse como arma para construir sofisticados imperios del tráfico. Uzair está vinculado al naufragio del Adriana en 2023, en el que murieron más de 600 personas, la mitad de ellas pakistaníes. Su desaparición, a pesar del intenso escrutinio internacional, demuestra lo arraigadas y adaptables que están estas redes, que siguen extrayendo millones de la desesperación humana.
Sin embargo, por muy formidables que sean estas redes, no son la raíz de la crisis. En esencia, la migración irregular desde Pakistán se ve impulsada por violaciones sistémicas de los derechos humanos: persecución, inestabilidad política y el colapso del Estado de derecho. Las comunidades cristianas de Pakistán atraviesan uno de los períodos más oscuros de la historia reciente: los ataques han aumentado más del 60%, se presentaron más de 35 nuevos casos de blasfemia en 2025, más de 250 personas permanecen encarceladas sin el debido proceso legal, 26 iglesias y barrios cristianos han sido atacados, y existen incidentes documentados de tortura, como el arresto y abuso de un detenido cristiano ciego de 49 años. La impunidad supera el 90%. En estas condiciones, escapar, incluso a través de redes criminales, se convierte en una cuestión de supervivencia.
Para la comunidad chiita hazara, la situación es aún más desgarradora. El año 2025 está marcado por atentados, asesinatos selectivos y desapariciones en Baluchistán, donde organizaciones extremistas como Lashkar-e-Jhangvi e ISKP describen abiertamente a los chiitas como "apóstatas". Informes de ACNUR y Human Rights Watch documentan numerosas desapariciones, mientras las familias viven en un clima de temor constante. Miles de hazaras huyen del país, recurriendo a las mismas redes de tráfico que canalizan a los migrantes hacia Europa.
Europa no puede seguir denunciando la migración irregular mientras ignora las condiciones que la generan. La Premio Nobel Malala Yousafzai nos recuerda que «debemos tratarnos como seres humanos y respetarnos mutuamente», pero la comunidad internacional sigue tolerando un Pakistán donde las minorías son perseguidas, los traficantes se enriquecen y prevalece la impunidad. Mientras Europa opte por la inacción, se convierte en parte del mismo problema que dice combatir. El coste no es meramente político, sino profundamente humano, y Europa ya lo está pagando. La elección es ahora ineludible: actuar con decisión o ver cómo una crisis que ha permitido que se agrave se vuelve inmanejable.
Acerca del autor.
Dimitra Staikou es una abogada, periodista y escritora profesional griega con amplia experiencia en el sur de Asia, China y Oriente Medio. Sus análisis sobre geopolítica, comercio internacional y derechos humanos se han publicado en importantes medios, entre ellos Diplomacia moderna, HuffPost Grecia, Skai.gr, Eurasia Review y el Daily Express (Reino Unido). Con fluidez en inglés, griego y español, Dimitra combina su conocimiento jurídico con la información de campo y la narrativa creativa, ofreciendo una perspectiva matizada de los asuntos globales.
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