Antisemitismo
Moshe Kantor construye una nueva hoja de ruta para combatir el antisemitismo y reconstruir la cohesión social europea
Cuando el Dr. Moshe Kantor (en la foto), presidente del Congreso Judío Europeo y firme defensor de la tolerancia y la reconciliación, se dirigió a la Cumbre de Alcaldes Europeos en París el 20 de noviembre. No volvió a lamentarse por el creciente antisemitismo, racismo y xenofobia. Presentó un diagnóstico y una estrategia.
Europa, argumentó, ya no se enfrenta a oleadas episódicas de odio, sino a una amenaza estructural, acelerada tecnológicamente, que golpea los cimientos democráticos del continente. Su mensaje fue contundente, pero constructivo: Europa necesita un plan integrado, con raíces locales, tecnológicamente sofisticado y centrado, sobre todo, en la próxima generación.
En un momento en que el antisemitismo no solo ha regresado, sino que ha alcanzado niveles arraigados en el discurso político y el comportamiento social, la intervención de Kantor se percibió urgente y excepcionalmente concreta. Su propuesta central, la creación de un Foro Internacional para la Reconciliación Juvenil (IFYR), merece especial atención. Representa un cambio de la gestión reactiva de crisis a una prevención proactiva, holística y a largo plazo.
La nueva arquitectura del antisemitismo
Kantor enmarcó su discurso en una verdad que a menudo se evita por temor a la incomodidad política: el principal impulsor del antisemitismo contemporáneo, en Europa y en el mundo, es el antisionismo, que es simplemente un ataque al derecho de autodeterminación judío.
La demonización de Israel se ha convertido en una puerta de entrada socialmente aceptable, advirtió, para ataques más amplios contra la identidad judía. Para los alcaldes reunidos de toda Europa, muchos de ellos luchando por responder a las protestas masivas que niegan el derecho de Israel a existir, esto no era una teoría, sino una realidad.
Subrayó que las antiguas fuentes de antisemitismo no han desaparecido, sino que otras nuevas las han superado. Señaló que las redes sociales han transformado el odio en un producto viral. Su arquitectura premia la indignación, la conspiración y la deshumanización. El resultado no es simplemente la exposición a ideas dañinas, sino la creación de ecosistemas digitales donde el antisemitismo se convierte en una forma de pertenencia.
La segunda observación de Kantor, el auge del «antisemitismo tecnológico», profundizó el debate. Las salas de chat de videojuegos, los deepfakes, la inteligencia artificial y la manipulación algorítmica son ahora vectores de radicalización.
En estas subculturas digitales irónicas, el odio se normaliza. Esta forma de antisemitismo en línea alimenta directamente la violencia fuera de línea, como ocurrió en Europa tras las masacres de Hamás del 7 de abril.th Octubre.
Su contundente conclusión fue una que los responsables políticos suelen eludir: el odio se propaga más rápido de lo que nuestros sistemas actuales pueden contener. Si Europa realmente quiere revertir la tendencia, debe crear nuevas herramientas que estén a la altura de la velocidad y la escala de la era digital.
Empoderar a las ciudades: la nueva línea del frente
Uno de los cambios más importantes en el argumento de Kantor fue de carácter institucional. Durante décadas, combatir el antisemitismo se consideró una responsabilidad nacional, un asunto de ministerios, parlamentos y agencias nacionales. Sin embargo, hoy, afirmó, «la verdadera batalla… se libra no solo a nivel nacional, sino también en las calles, en los municipios».
Esto no fue un elogio retórico a los alcaldes presentes. Fue un reconocimiento de un cambio estructural. El antisemitismo se manifiesta cada vez más en espacios locales, escuelas, redes de transporte, barrios, universidades y plazas públicas. Las autoridades locales perciben las tensiones emergentes con mayor rapidez que los gobiernos nacionales y asumen cada vez más la responsabilidad de la protección de la comunidad.
El elogio de Kantor al Centro de Seguridad y Crisis (SACC) del Congreso Judío Europeo no fue un mero orgullo institucional. Fue una prueba de que la capacitación, la cooperación y los sistemas de alerta temprana a nivel local funcionan.
Durante más de 15 años, el modelo SACC ha ayudado a los municipios a identificar extremistas, prevenir la incitación y forjar vínculos de confianza entre las comunidades judías y la policía local. Ampliar este modelo no solo aumentaría la seguridad, sino que también reforzaría la autoridad de los gobiernos locales en un momento en que muchos ciudadanos se sienten distanciados de las instituciones nacionales.
IFYR: Un nuevo marco para la juventud europea
El discurso de Kantor fue innovador al centrarse en los jóvenes. Citando investigaciones que muestran que la edad promedio de los extremistas agresivos es de unos 14 años, argumentó que cualquier estrategia seria debe abordar la radicalización juvenil de forma directa y temprana.
Las plataformas que usan los adolescentes no son periódicos ni televisión, sino TikTok, Instagram y servidores de videojuegos, cada uno con su propia dinámica de atención. El experimento del Wall Street Journal que citó, en el que periodistas que se hacían pasar por adolescentes de 13 años fueron inundados con propaganda apocalíptica e incluso consejos para adquirir armas, ilustra la rapidez con la que los espacios en línea pueden moldear las identidades.
Su solución es audaz: crear una organización paraguas mundial, el Foro Internacional para la Reconciliación Juvenil (IFYR), para coordinar y elevar las instituciones de desradicalización existentes y al mismo tiempo aportar nueva capacidad tecnológica a la lucha.
El IFYR sería más que un centro de estudios. Movilizaría recursos científicos, financieros y políticos para intervenir a gran escala en las mismas plataformas donde se arraiga la radicalización.
En el centro de esta visión se encuentra una contranarrativa simple pero contundente: Vivienda, Educación y Empleo (HEJ). El argumento de Kantor es que las ideologías extremistas prosperan donde la esperanza se desvanece.
Ofrézcales a los jóvenes los cimientos de un futuro estable y el atractivo de las narrativas tóxicas disminuirá. El éxito de países como los Emiratos Árabes Unidos y Singapur, que combinan la inclusión económica con marcos legales sólidos, demuestra que el extremismo no es un fenómeno inevitable, sino el resultado de la negligencia.
La misión del IFYR, según Kantor, es combinar esta estrategia social con la intervención tecnológica, implementando herramientas basadas en IA para detectar patrones de radicalización, amplificando el contenido positivo y apoyando a las autoridades locales para llegar a los jóvenes en riesgo. Funcionaría simultáneamente como coordinador, centro de investigación e implementador.
Una responsabilidad europea
El discurso de Kantor llega en un momento difícil para Europa. Las protestas masivas, la intimidación de las comunidades judías y la relegitimación de la retórica violenta han puesto de manifiesto las vulnerabilidades del sistema inmunitario democrático europeo. Su recordatorio de que «el antisionismo es antisemitismo» no fue una afirmación teórica, sino una advertencia de que los intentos de enmascarar el odio en el lenguaje político no hacen que las sociedades sean más seguras.
Europa cuenta con las herramientas y las instituciones necesarias para afrontar este desafío. Lo que le ha faltado es coherencia, un marco unificador que conecte la acción local, la innovación tecnológica y la participación de los jóvenes. Las propuestas de Kantor ofrecen precisamente eso.
Su invocación de Napoleón, de que el trato a los judíos es un "barómetro de la salud de la sociedad", no era nostálgica. Era diagnóstica. El barómetro de Europa está en rojo. La pregunta ahora es si sus líderes políticos, especialmente sus alcaldes, construirán las estructuras necesarias para revertir la tendencia.
El discurso de Kantor no fue un llamado a hacer declaraciones simbólicas, sino a crear una nueva arquitectura: instituciones, redes, estrategias y alianzas a la altura de la amenaza.
Si Europa adopta la visión que presentó, no solo protegerá a sus ciudadanos judíos. Fortalecerá sus democracias, reconstruirá la confianza entre las comunidades y dotará a sus jóvenes generaciones de la resiliencia necesaria para resistir el canto de sirena del extremismo y el odio.
Al final, su mensaje fue simple: el odio está organizado; por lo tanto, la reconciliación y la tolerancia también deben estarlo. Europa ya tiene un camino y una hoja de ruta; la pregunta es si tiene la voluntad.
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