Irán
Rusia u Occidente: ¿Cómo piensa Irán?
Cada vez que hay un ligero deshielo en las relaciones entre Washington y Teherán, surge la vieja pregunta sobre cómo maneja Irán sus interacciones con las potencias rivales que compiten por el control y la influencia en el siglo XXI. ¿Se inclina Irán hacia mantener sus estrechos vínculos y nuevas asociaciones con China y Rusia, o se inclina hacia Occidente si se logra un avance significativo a través de un acuerdo nuclear iraní revivido? (aqui) Salem AlKetbi, analista político de los Emiratos Árabes Unidos y ex candidato del Consejo Nacional Federal.
Responder a estas preguntas implica numerosos factores, algunos alineados y otros contradictorios, todos los cuales influyen en las decisiones tomadas por el gobierno iraní con respecto a sus relaciones con las potencias globales.
En el centro de estas consideraciones se encuentra la naturaleza misma del propio gobierno iraní. Cuando se trata de tratar con el mundo, ya sea en el Este o en el Oeste, los líderes iraníes no siempre están de acuerdo y sus enfoques varían.
De hecho, hay una facción que se inclina por mantener alianzas sólidas y una cooperación estratégica con Occidente, antes conocida como la facción “reformista”. Sin embargo, la influencia y el poder de este grupo han disminuido significativamente en los últimos años hasta el punto de que su impacto en la toma de decisiones y la política exterior de Irán no puede considerarse mínimo. Irán ha girado fuertemente hacia el Este, formando asociaciones estratégicas con China y reforzando la cooperación con Rusia.
Sin embargo, lo que sustenta esta opción es el hecho de que decenas de millones de jóvenes iraníes están impresionados y atraídos por el modelo de desarrollo y apertura observado en los países vecinos del CCG. Como resultado, el concepto de adoptar una perspectiva más global sigue siendo un factor importante en los cálculos del gobierno iraní. Su objetivo es apaciguar al pueblo iraní y sofocar la ola de descontento que ha provocado una serie de protestas populares en los últimos años.
Hay otra consideración crucial ligada a los crecientes intereses estratégicos de Irán con China. Las dos naciones han firmado un acuerdo de cooperación de 25 años que abarca una variedad de áreas, incluidas energía, seguridad, infraestructura y comunicaciones. Durante una visita a Teherán en 2016, el presidente chino Xi Jinping elogió a Irán como el “socio clave de China en Medio Oriente”. Beijing apuesta por la colaboración con Irán y otros actores regionales para alejarse de la unipolaridad y trabajar hacia un mundo multipolar.
En cuanto al frente ruso, vemos que Irán ha jugado sus cartas estratégicamente en esta relación. Intervino indirectamente en el conflicto ucraniano suministrando a Rusia drones que desempeñaron un papel fundamental a la hora de inclinar la balanza a favor de Rusia, precisamente cuando el ejército ruso luchaba por resolver el conflicto aéreo contra las fuerzas ucranianas.
Lo anterior no implica que la orientación actual de Irán desprecie por completo sus relaciones con Occidente y se haya vuelto definitivamente hacia Oriente. Irán todavía otorga importancia a sus vínculos con Occidente, no solo para aliviar las sanciones que se le imponen, sino también porque, en 2020, la UE fue el segundo mayor socio comercial de Irán. Irán sigue siendo una fuente mundial vital de suministro de petróleo y un mercado sustancial para los bienes y servicios europeos. Además, sirve como una de las estrategias de Europa para diversificar sus fuentes de energía después de reducir su dependencia de Rusia tras la invasión de Ucrania. Por el contrario, Irán requiere importantes inversiones, experiencia y transferencia de tecnología, particularmente de Europa.
Creo que la política exterior de Irán mantiene un importante margen pragmático y de maniobrabilidad, no dictados únicamente por la ideología, como algunos podrían suponer. Las posturas de Irán sobre diversas cuestiones internacionales subrayan la separación entre política e ideología en su enfoque de política exterior.
Por lo tanto, parece que Teherán pretende adoptar una estrategia similar a la de Turquía en su acercamiento tanto a Rusia como a Occidente, inclinándose al mismo tiempo hacia el Este y manteniendo vínculos con Occidente.
Este enfoque no consiste únicamente en diversificar las asociaciones, sino también en aprovechar hábilmente todos los recursos disponibles para asegurar ventajas de varias partes. Es un plan de juego que ha permitido a Turquía ejercer una influencia significativa en los últimos años.
Dada esta perspectiva, queda claro por qué persiste el diálogo entre Washington y Teherán, ya sea relacionado con el reciente acuerdo de liberación de prisioneros o con la cuestión nuclear. Esta persistencia se produce a pesar de la frustración y preocupación occidentales por el papel de Irán en la crisis rusa.
Rusia, por otra parte, alberga temores genuinos de que este diálogo en curso pueda conducir a acuerdos que podrían afectar sus intereses estratégicos con Irán. Es importante reconocer que la eliminación de las sanciones estadounidenses a Irán se alinea con los intereses de Rusia. Rusia ve a Irán como un salvavidas económico crucial y comprende las dificultades que enfrenta Irán debido a las sanciones occidentales.
Como resultado, la intrincada red de intereses entre todas las partes involucradas lleva al esfuerzo de Irán por mantener una postura flexible y maximizar sus ventajas estratégicas en medio de la escalada del conflicto global. Ni Rusia ni Irán pueden permitirse el lujo de poner en peligro sus respectivas relaciones. Rusia no puede distanciarse de Irán, e Irán no puede distanciarse de Rusia y China.
Para descifrar la toma de decisiones de Irán, podemos establecer paralelismos con el enfoque de Teherán en sus relaciones con las naciones del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).
Irán se ha alejado de las tácticas de confrontación y las provocaciones y ha optado en cambio por vínculos de cooperación con sus vecinos. El objetivo es gestionar y frenar el impulso de la normalización entre el CCG e Israel. En este contexto, cabe señalar que Irán no ha insistido en romper los vínculos con Israel, sino que ha trabajado para reducir las tensiones y abordar las preocupaciones regionales derivadas de sus actividades expansionistas. El objetivo es eliminar las justificaciones para colaborar con Israel para contrarrestar la percibida amenaza iraní.
El pragmatismo político de Irán puede aplicarse de manera similar a su gestión de las relaciones con potencias globales competidoras. Sin embargo, su rumbo dependerá en gran medida de los beneficios que Teherán pueda obtener de los capitales occidentales en la próxima fase.
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