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De la imitación al liderazgo: El ascenso de Japón y China basado en la producción.

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El auge de Japón y China no se basa en una historia de éxito romántica, sino en la cruda realidad de la disciplina de producción. Hoy en día, la gente asocia las marcas japonesas y chinas con la tecnología. Estas marcas también se han ganado un grado considerable de confianza pública. Sin embargo, la trayectoria de producción de estos países no fue tan brillante en sus inicios como lo es hoy. Hubo un tiempo en que la frase "Hecho en Japón" significaba productos baratos. En Turquía, durante muchos años, las tiendas que vendían productos importados baratos eran conocidas popularmente como "Mercados Japoneses". escribe Ahmet SAĞLAM / www.saglamahmet.com (en la foto).

Estas tiendas, que vendían una gran variedad de productos, desde agujas e hilo hasta juguetes de todo tipo, artículos de papelería en particular, numerosos dispositivos electrónicos y objetos decorativos, eran destinos de compra económicos donde incluso los niños podían comprar juguetes o material escolar con su paga, ofreciendo productos para todos los bolsillos. No se caracterizaban por su alta calidad, pero destacaban por hacer accesible la tecnología de la época a precios asequibles. Asimismo, durante muchos años, los productos chinos también fueron considerados imitaciones, poco fiables y de corta duración, a pesar de ser económicos y fáciles de conseguir.

Sin embargo, ambos países compartían una característica común: nunca renunciaron a la producción. Japón primero estudió la tecnología occidental, la copió, la perfeccionó y, gradualmente, desarrolló su propia cultura de ingeniería. Hoy en día, marcas como Toyota, Sony y Panasonic se han convertido en marcas globales no solo por su éxito comercial, sino también por su capacidad de producción. Esto se debe a que la producción no se limita a la fabricación de productos; implica la formación de ingenieros, el desarrollo de industrias proveedoras, el aprendizaje de tecnologías, el diseño de marcas y la obtención de competitividad.

China siguió un camino similar. Inicialmente, fabricó para el mundo con mano de obra barata. Posteriormente, desarrolló una cultura industrial a través de pequeños talleres y productos de imitación. Incluso extendió muchas formas de manufactura a pequeña escala, como la producción de relojes en el sótano de casi todos los hogares, a familias individuales en todo el país. Este proceso fue éticamente controvertido; sin embargo, China aprendió varias lecciones cruciales. Asimiló y colocó en el centro de su sistema de producción el conocimiento sobre cómo establecer cadenas de producción, reducir costos y transferir tecnología. De esta manera, gradualmente dejó de ser un país que simplemente copiaba los productos de otros y comenzó a producir sus propias marcas. Hoy, Huawei, BYD y Xiaomi se han convertido en actores centrales en la competencia global. Esto transformó a China de ser simplemente un "fabricante de bajo costo" en un país manufacturero que desarrolla tecnología. Además, China mejoró significativamente su capacidad de producción al atraer inversión extranjera, establecer Zonas Económicas Especiales, implementar un modelo de industrialización orientado a la exportación y beneficiarse de la transferencia de tecnología.

Al analizar estos casos de éxito, se hace evidente un hecho: un país no puede sobrevivir mucho tiempo únicamente mediante el marketing y una economía intermediaria. Vender productos tras realizarles pequeñas modificaciones puede enriquecer a ciertos individuos a corto plazo. Sin embargo, cuando se carece de una infraestructura productiva, el país se vuelve dependiente de fuentes externas. Una economía que no produce está condenada, en última instancia, a sufrir crisis cambiarias, desempleo y atraso tecnológico. Esto se debe a que el verdadero poder reside en las fábricas, los laboratorios y las líneas de producción. Hoy, a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, China aspira a abrir todas sus regiones al mundo exterior, extender el desarrollo por todo el país y reducir las disparidades económicas entre las regiones oriental y occidental, así como entre las zonas del interior y las costeras, mediante la mejora del comercio terrestre y marítimo. De este modo, busca integrar su capacidad productiva en la economía global a través de diversas rutas logísticas y aumentar su participación en el mercado mundial. En otras palabras, concibe el mercado no solo como su entorno inmediato, sino como el mundo entero.

En resumen, la tecnología, la producción y el marketing deben considerarse pilares complementarios para la construcción de una sociedad próspera. En pocas palabras, para que un país alcance sus objetivos de desarrollo sostenible, es fundamental evaluar con precisión su capacidad productiva actual, promover la producción de alto valor añadido y difundir la cultura productiva a sectores más amplios de la sociedad y a diferentes regiones del país.

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Colaborador invitado - Opinión

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